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Aletas de tiburón

Durante el último medio siglo, decenas y decenas de millones de tiburones han perecido víctimas de los pescadores que tratan de hacerse con sus apreciadas y cotizadas aletas, lo que les ha convertido en uno de los animales más frágiles de los océanos. Tan beligerante ha sido su captura que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza calcula que el 17 por ciento de sus mil doscientas especies están conminadas de extinción, con varias de sus poblaciones mermadas en más de un 90 por ciento.

Mas en ciudades como Hong Kong, que durante lustros ha sido epicentro mundial del consumo y venta de este producto, sin en cambio parece que la tendencia se está invirtiendo poco a poco. Conforme con los datos presentados la semana pasada por WWF Hong Kong, de las 17.200 toneladas de aleta de tiburón comercializadas en 2015 en todo el planeta, la ciudad china importó unas 5.700, un cuarenta por cien menos que en dos mil once. Todavía de esta manera, la urbe sigue siendo sitio de paso o consumo de un tercio de las capturas mundiales.

Estudios como el de WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) o el de la asociación Bloom publicado el año pasado prueban que, desde hace cinco años, los hongkoneses cada vez consumen menos aleta de tiburón, un alimento que se sirve en sopa con una larga tradición en banquetes de bodas y otras ocasiones singulares. Si bien sola apenas tiene sabor, la aleta es muy apreciada por los cocineros por su textura fibrosa, ya en el pasado era considerado un producto exclusivo reservado para las clases más pudientes.

El momento del cambio

Todo esto cambió hace unos diez años, cuando las agrupaciones ecologistas de la urbe comenzaron una potente campaña para denunciar la crueldad con que se atrapan. En lo que es conocido como la práctica del "aleteo" o bien "finning" (cercenamiento de las aletas), al tiburón se le amputan las aletas cuando está vivo para después devolverlo al mar, en donde muere desangrado y también inútil de nadar. Pese a que esta práctica está prohibida en numerosos países, incluidos los de la Unión Europea, se prosigue realizando en muchos de los buques que faenan en altamar. Además de esto, las O.N.G. aseguran que las masivas capturas -de unos cien millones al año- contribuyen a distorsionar los ecosistemas marinos.

Dorothy Cheng, portavoz de WildAid, entre las agrupaciones más implicadas en esta lucha, especificó a el diario El Mundo que entre las causas que explican este debilitamiento en su comercio en la ciudad de Hong Kong y el resto de China están las oficiales -prohibición de servirla en banquetes oficiales o bien la campaña anticorrupción del gobierno chino, que frena a muchos ciudadanos de hacer gastos aparatosos-, la ralentización de la economía y el desplazamiento de su comercio a otros países de la zona como Vietnam o bien Tailandia.

Mas sobre todo, esta joven considera fundamental la labor de concienciación efectuada para alertar sobre las consecuencias negativas de este consumo. Para ello, han sido muy eficaces campañas como la protagonizada por la estrella china de la NBA, Yao Ming, que rodó un anuncio en 2011 pidiendo a sus compatriotas que dejaran de comer aleta de tiburón, como el recién estrenado "Por cada boda celebrada en la ciudad de Hong Kong, 30 tiburones mueren", un vídeo en la que una chica vestida de novia y su reciente marido descuartizan cuchillo en mano a un tiburón antes de fundirse en un beso. "Campañas mediáticas como estas están contribuyendo en crear unas generaciones más conscientes con el medioambiente", añadió Cheng.

Sopa de tiburón

Impedir el transporte de esta mercadería

Aparte de centrarse en restaurantes y consumidores, en donde la mayor parte prosigue ofreciendo la discutida sopa, otro de los frentes abiertos es el de las compañías de transporte, a las que las organización sin ánimo de lucro desean hacer "libres de aletas de tiburón". WWF Hong Kong indicó de que dieciseis de las mayores 20 empresas del ámbito, incluyendo a algunas como Hyundai, MOL, Maersk y OOCL, ya se han comprometido a no ser participes de este comercio, y de que su propósito es aumentar esa cifra. "Frenar el transporte de la aleta de tiburón significaría que ni mercaderes ni restaurantes tendrían acceso a ella, algo que asistirá a conseguir que esta sea una urbe libre de aleta de tiburón", subrayó a este respecto el director de conservación de la Organización no Gubernamental, Gavid Edwards.

Sin embargo, la mayoría considera que esta es una meta que todavía está lejos de alcanzarse, más aún teniendo en cuenta los abundantes intereses y conjuntos de presión que existen sobre este mercado. De ahí que, muchos consideran que la única forma de acabar con este comercio de una vez por todas es por medio de la educación. "Proseguiremos trabajando por concienciar a los niños de que este es un producto sanguinolento que no vale la pena consumir, son el futuro" apuntó Cheng.


Fuente: elmundo.es

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