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Fichas de póker

Los casinos han pasado a formar parte de nuestra sociedad gracias a una serie de juegos que se han consolidado entre nosotros a través de los siglos. A buen seguro muchos conocen los orígenes del casino desde sus comienzos hasta estos días en que multitud de personas siguen dándose cita alrededor de una mesa de juego con la firme intención de reunir el montón más generoso de fichas, pero probablemente pocos son los que se han detenido a pensar en la historia de esas mismas fichas.

Hay que remontarse a mitad del siglo XIX para entender el porqué de las fichas de casino. Hasta esa época las apuestas en los juegos -principalmente el póker- se podría decir que se realizaban en especies, puesto que además de las monedas se apostaba con cualquier objeto valioso que en ocasiones consistía en cualquier derivado del oro. Se puede uno imaginar que sincronizar el valor de las apuestas debía de ser una tarea poco menos que imposible.

Fue justamente en esa época que surgieron por vez primera las fichas de juego. Se trataba de objetos tallados en marfil que incluían la marca del establecimiento donde serían utilizadas con la intención de evitar fraudes y falsificaciones. De este modo fueron utilizadas hasta que allá por 1880 comenzó la producción masiva de fichas fabricadas en arcilla y con un aspecto similar al que hoy conocemos.

Antiguas fichas de casino

Antiguas fichas de casino

A partir de ahí y hasta la actualidad las fichas de juego no han experimentado grandes cambios en cuanto a su forma o el material que las compone, al menos en lo que a la apariencia se refiere, porque lo cierto es que debajo de esa capa de arcilla o cerámica son varios los detalles que se han ido innovando.

Cada casino utiliza sus propias fichas que presentan diferentes dibujos y colores, pero debajo de esa fachada visualmente atractiva se esconde una avanzada tecnología que hace prácticamente imposible el fraude. A sus números de serie, marcas UV, hologramas y series de puntos que las hacen fácilmente reconocibles a los ojos del personal de casino, se añade el chip RFID, una etiqueta electrónica que es reconocida por los lectores especiales de los casinos y que desactiva automáticamente la ficha en el momento que esta sale del establecimiento en caso de ser robada, además de tener otras propiedades que refuerzan su seguridad. De ello puede dar fe el Bellagio de Las Vegas, donde el delincuente Anthony Carleo protagonizó un esperpéntico robo de fichas tan absurdo como inútil que le llevó a dar con sus huesos en prisión.

Las fichas que se manejan actualmente en este tipo de casinos estadounidenses (refiriéndonos siempre a los establecimientos del estado de Nevada) oscila generalmente entre el valor de 1$ (0.909787 EUR) y 5.000$ (4,548.82 EUR), si bien esa cifra puede ser superior en las partidas concertadas de los grandes jugadores donde los límites de apuestas alcanzan los techos más altos. Aunque sin duda algunas de las fichas más especiales alcanzan su máximo valor en manos de los coleccionistas.

Otro de los aspectos que ha cambiado con la regulación del juego es el final de las fichas. Desde 1987 las fichas caducadas que son retiradas por los casinos han de ser destruidas por estos de forma controlada. Esta labor ha dado al traste con la manipulación y falsificación que en otro tiempo habrían podido sufrir, al mismo tiempo que terminaba con los cementerios ilegales de fichas que en ocasiones eran el fondo de un lago, las profundas arenas del desierto o los cimientos de una edificación.

Fichas de póker encontradas en hormigón

Fichas encontradas en el hormigón de un edificio

Las fichas de casino continúan anotando su historia y parece ser que tras más de siglo y medio de vida, este parné exclusivo de los casinos goza de buena salud y todo indica que seguirá siendo codiciado en las mesas de juego por mucho más tiempo.


Fuente: Vida y muerte de una ficha de casino

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