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El hombre y la astrologíaLa Astrología nació en el mismo instante en que el primer hombre consciente de su humanidad levantó la vista al cielo y observó que el firmamento estaba plagado de luces, nubes, aves y cuerpos celestes, como el Sol y la Luna.

El Sol, sin duda alguna, fue el que más llamó la atención de nuestros antepasados, tanto por su volumen como por su luminosidad.

La Luna, la segunda luminaria, pero que no dañaba la vista al verla, adquirió rápidamente la misma relevancia.

El Sol es tan sobrecogedor como ansiado. La Luna era menos inquietante, sin embargo igual de impresionante.

Imaginemos que por primera vez observamos el cielo y descubrimos en él un par de gigantescos cuerpos celestes como el Sol y la Luna, o que por primera vez en nuestra vida elevamos la vista al cielo y descubrimos el cielo completamente estrellado: el espectáculo sería impresionante.

Nuestros antepasados, sin la información que tenemos actualmente, se sintieron cien veces más sorprendidos frente al sorprendente espectáculo de la naturaleza celestial, y no tardaron en gestar mitos, historias y leyendas al respecto.

El Sol y la Luna no tardaron en convertirse en dioses, en objetos de culto y de adoración, de respeto y de temor, con vida propia y que influían con su sola apariencia en lo que les sucedía a los hombres.

No sabemos exactamente cuándo nació la Astrología tal y como la conocemos hoy en día, pero ya hay rastros físicos y palpables de ella hace 3.700 años en Asiria, Caldea y Egipto.

Pero, como fue una ciencia secreta, sólo accesible a los grandes sacerdotes y monarcas, debe de poseer unos cuantos siglos más de existencia.

Algunos autores sitúan el nacimiento de la Astrología hace unos 6.000 años, uniéndola al comienzo mismo de la civilización, y es bastante probable que así haya sido aunque no existan documentos para demostrarlo, porque, de cualquier forma, desde la época de las cavernas ya existían sistemas astrológicos rudimentarios.

En el antiguo Egipto, por ejemplo, había un método astrológico rudimentario que consistía en señalar los días buenos y los días malos a lo largo de los 18 meses lunares de que se componía su calendario.

De hecho, todas las culturas que poseían calendario, contaban con su propia y particular astrología que señalaba las buenas y malas influencias de los movimientos de los astros.

Toltecas, aztecas, mayas, incas, persas, indios, hindúes, africanos, australianos, chinos, egipcios, entre otros muchos, sabían evaluar el cielo y cómo compararlo con los ciclos de la naturaleza en la Tierra.

AstrólogosAstrólogos

Nuestros días de la semana son astrología pura, y son los mismos que utilizaban hace milenios las antiguas culturas rabes y semítas.

El lunes es el día de la luna.
El martes es el día de Marte.
El miércoles es el día de Mercurio.
El jueves es el día de Júpiter.
El viernes es el día de Venus.
El sábado es el día de Saturno.
Y el domingo es el día del Sol.

¿Pero por qué así?

Curiosamente, los planetas visibles a simple vista son 7, y si a ello le sumamos que la Luna cambia la apariencia de su cara, es decir, de fase, cada 7 días, nos encontramos con la respuesta.

Obviamente, no todos los calendarios de la antigüedad funcionan igual, sin embargo en la mayoría de ellos existen semblantes que los igualan sin lugar a dudas.

Por ejemplo, la inmensa mayoría de los calendarios son circulares y cíclicos, es decir, que se repiten una vez que han cumplido una etapa.

La mayoría se expresan circularmente, y es que la mayoría de las culturas antiguas han dibujado al firmamento como un disco, un círculo o una esfera, y dicha esfera, ha sido dividida en meses lunares, solares y hasta venusianos, marcando al cielo con 360 días anuales, 360 grados de arco, 36 meridianos (según los Chinos) o 360 fracciones según los Toltecas, Mayas y Aztecas.

El cielo era exactamente redondo para ellos, sin embargo la Tierra debía poseer algo desproporcionado, porque su ciclo real no era de 360 días, sino de 365, con lo que sobraban 5 días en los que las influencias no eran claras y directas, por lo que no fueron pocas las culturas que señalaron estos días como días de jubileo o días muertos, donde la gente podía llevar a cabo lo que quisiera porque los dioses y los astros les daban la aprobación para hacerlo.

Así, la Astrología y cada cultura les dio nombre a los días, a los meses y a los años, de la misma manera que dio nombre a las estrellas, las constelaciones, y, a los signos del zodiaco.

Los aztecas contaban con 22 signos simbolizados por animales, objetos e incluso fenómenos naturales, como el viento o los terremotos.

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Los Rabes contaban con doce signos simbolizados por armas como el cuchillo, la lanza o la onda.

Los Chinos mantienen hasta el día de hoy su estructura lunar y simbolizan a sus signos del zodiaco con 11 animales comunes y un animal mitológico, el Dragón.

Egipcios, Hindúes, Caldeos, Asirios, Griegos, Romanos, etc., comparten los mismos animales para sus signos desde hace más de 3.700 años, y el mismo método que servía para levantarle la Carta Astral a Nabucodonosor, sirve hoy en día para que cualquier individuo tenga su propia Carta Astral.

La Astrología fue una ciencia en toda regla. Quizá fue la primera ciencia de la humanidad: Hace dos siglos aún se enseñaba en las universidades como Astrología judiciaria. Y hoy en día hay miles de centros que la ofrecen como una enseñanza no oficial, aunque sí muy interesante, porque la Astrología nace cada vez que consultamos lo que nos deparan los astros, y cada vez que alguien se interesa por ella.

Porque mientras el hombre tenga ilusión por conocer lo que las influencias astrales le deparan, seguirá existiendo y renaciendo perpetuamente la Astrología, en continuos ciclos hasta el fin de los tiempos, porque la Astrología nació verdaderamente, el mismo día y en el mismo momento en que nacieron las estrellas.


Fuente: rincondelcurioso

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