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Descarga eléctrica

El voltaje de la fuente de energía que toquemos y la resistencia eléctrica que pueda ofrecer nuestro cuerpo al paso de los electrones son los dos factores que determinan nuestra tolerancia a las descargas.

Si, por ejemplo, tocamos un cable por el que circulen 220 voltios, el hecho de que tengamos las manos secas o llevemos un calzado con suela de material aislante -por ejemplo de goma- puede salvarnos de un peligroso percance. Provisto de esta protección, la resistencia total que el cuerpo es capaz de admitir asciende a unos 10.000 ohmios. A través de nuestro cuerpo fluyen entonces 0022 amperios o, lo que es lo mismo, 22 miliamperios, que, aunque no resulten letales, sin embargo se hacen notar, ya que producen una sensación molesta y dificilmente tolerable.

Paro cardiaco

Si por el contrario tocamos el cable con las manos mojadas, o nuestro calzado no es buen aislante, carecemos totalmente de protección y sólo contaremos con la resistencia eléctrica de nuestro cuerpo: 1.000 ohmios, más o menos. La descarga hará entonces que fluyan por él 0,22 amperios, es decir, diez veces más que en el ejemplo anterior. Esta intensidad de corriente sería más que suficiente para matar a una persona, la cual llegaría a producirle fibrilación ventricular, parálisis respiratoria y un ineludible y mortal paro cardiaco.


Fuente: archivo PDF
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