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Diablo

¿Qué es un demonio?

Para los Evangelios, la posesión es siempre demoníaca. La persona está endemoniada. Jamás se atribuye la posesión al Diablo. No existe un solo caso en todo el Nuevo Testamento en el que se hable de posesión diabólica.

La palabra demonio es de origen griego. Daimónion no es ni masculino ni femenino, sino neutro. No se trata, pues, de una persona, sino de una cosa. Además es un adjetivo sustantivado. Indica, por tanto, la personificación de una entidad abstracta. La mentalidad popular había creado este término para denominar poderes impersonales, potencias espirituales o fuerzas maléficas, capaces de entrar en las personas y provocarles enfermedades.

demonio

¿Quién es el Diablo?

La palabra Diablo se usa para una verdad totalmente distinta. En el Nuevo Testamento siempre aparece como sustantivo o nombre propio y, generalmente, con artículo determinado (el Diablo). Se trata de una palabra de origen griego (diábolos), que traduce el vocablo hebreo Satanás, que significa el contrario, el enemigo. Por lo tanto ambas palabras tienen, pues, el mismo significado.

El plural diablos, que en alguna ocasión utilizamos, es un error. Para la Biblia, sólo existe un Diablo, como no existe sino un único Satanás. En ninguna parte de la Biblia, y menos de los Evangelios, se dice de nadie que estuviese poseído por el Diablo o por Satanás. A él jamás se le atribuyen directamente ni las enfermedades ni las posesiones. El ámbito de su influencia no es física, sino moral y psicológica. Queda relacionado únicamente con el pecado. Actúa siempre desde fuera, jamás desde dentro, como se suponía que lo hacían los demonios.

Por esto vemos al Diablo tentando a Jesucristo en el desierto (Mt 4,1-11), inspirando la traición a Judas (Jn 13,2), sembrando cizaña (Mt 13,25), arrancando el mensaje del corazón (Lc 8,12), acechando a los cristianos (Ef 6,11), cortando el paso a Pablo (1 Ts 2,18) y persiguiendo a los cristianos (Ap. 2,10). Siempre aparece, pues, relacionado directamente con el pecado. Y por esto se afirma que quien comete pecado es del Diablo (1 Jn 3,8), que es padre de la mentira (Jn 8,44). Pero jamás se le presenta provocando directamente la enfermedad ni poseyendo a nadie.

Jesús y Satanas

Confusión peligrosa

Podemos, pues, asegurar que en la Biblia, el Diablo o Satanás, al aparecer siempre en singular, en masculino y con artículo determinado, se refiere a un ser personal e individual, un poder del mal exclusivo en su género. En cambio demonio, al ir sin artículo y ser de género neutro, no se refiere a algo personal. Las dos palabras no son sinónimas y no deben considerarse como equivalentes. Durante siglos la expresión bíblica endemoniado se ha tomado lamentablemente como sinónimo de poseído por el Diablo, cosa que los Evangelios en absoluto han afirmado.

La Biblia atribuye al Diablo sólo tentaciones -actos hostiles desde fuera-, aunque nunca enfermedades ni posesiones, que dañan a la persona desde en el interior. Las enfermedades internas, cuya causa no era perceptible por los sentidos, incluidos los desequilibrios psicológicos, se explicaban siempre como posesión demoníaca.

Así se evitan algunos malos entendidos. De María Magdalena, por ej., se dice que de ella Jesucristo había echado siete demonios (Lc 8,2), pero no siete diablos. Se trataba, pues, de una persona muy enferma y no de una gran pecadora, como se suele sospechar.


Ariel Álvarez
Extraído de: ¿El Diablo y el demonio son lo mismo?
Aclaraciones para una correcta comprensión.
Fuente: archivo PDF
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1 comentarios TiS 1 Facebook

  1. Bien explicado y por lo tanto bien entendido. Gracias

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