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François Duvalier
François Duvalier

La dictadura duvalierista de Haití se inició en el año de 1957 con el ascenso de François Duvalier a la presidencia. A partir de ese momento Duvalier emprendió una sistemática caza de la oposición hacia su gobierno con el apoyo de su cuerpo paramilitar, los llamados Tontons Macoutes. De esta modo, hizo frente a una multitud de intentos de golpe de Estado e invasiones desde el exterior logrando un eficaz control social a través de la represión, que aniquiló todo vestigio de participación u oposición a su régimen. Duvalier violó y modificó constantemente la Constitución haitiana estableciendo la presidencia vitalicia en el año 1964 y hereditaria en 1971, momento en el que fallece repentinamente, tomando el relevo su hijo Jean Claude Duvalier quien gobernó hasta el año 1986. Vale anunciar que la represión y la violación constante de las reglas democráticas no fueron los únicos métodos con los que el duvalierismo logró su continuidad durante 29 años. En el nivel ideológico, François Duvalier tergiversó la corriente de la “Negritud” emprendiendo una ataque étnico de “los negros” frente al del sector mulato del país. Esto le sirvió, en un principio, el amparo de las clases medias negras, así como también de las masas populares en su gran mayoría negras.

Dentro de su grandilocuencia “nacionalista”, Duvalier, como etnólogo, vio en la religión uno de sus más efectivos posibles para el control social. Aprovechando el elevado sentido religioso del haitiano, utilizó el culto vudú y a la iglesia católica para hacerse obedecer y respetar. Si bien la corriente ideológica de la “Negritud” revaloraba el contenido cultural del vudú como parte de las raíces africanas, el manejo que hizo de éste François Duvalier lo convirtió en su herramienta de control social. El impacto del vudú y su beneficio político se explican, retomando a Myrto Celestin, porque “las creencias, los mitos, las leyendas de nuestro Folclore; el sentido de lo sagrado, tan fuerte en el vudú, y el temor, al igual que el misterio que crean los ritos mágicos del vudú, fueron explotados al máximo por el etnólogo y el médico”. Sin embargo, con el fallecimiento de François Duvalier en el año 1971, este arbitrio ideológico se fue disipando gradualmente.

Jean Claude Duvalier
Jean Claude Duvalier

La Iglesia católica representó, al igual que el vudú (aunque en grado menor), uno más de los soportes de la dictadura duvalierista. Aprovechando una vez más la retórica nacionalista, François Duvalier apeló a la creación de un clero nacional, en contra del clero extranjero que acaparaba las jerarquías católicas. Debe señalarse que hasta antes de la entrada de Duvalier a la presidencia, las principales diócesis se encontraban bajo la potestad de obispos extranjeros. A partir de 1959, emprendió un fuerte ataque frente a la jerarquía católica que terminó con la deportación de algunos obispos y clérigos, hechos que llevaron a la excomunión de Duvalier por el Papa. En 1966, el opresor Duvalier llegó a un arreglo con el Vaticano y fue nombrada una nueva jerarquía católica con su total aprobación. De esta forma, la iglesia se convirtió en un instrumento benigno en manos de François y Jean Claude Duvalier, el cuál les brindó su apoyo incondicional.

Las relaciones estrechas entre iglesia y dictadura empezaron a flaquear a mediados de la década de 1970 cuando se cuestionó y redefinió la prédica religiosa y su vinculación con los valores de justicia y libertad en un entorno de represión cotidiana. En tanto que el gobierno perdió el apoyo de una manera progresiva, la iglesia empezó a llevar a cabo críticas moderadas a las actividades más escandalosas del gobierno. Posteriormente, la iglesia católica esgrimió la defensa de los derechos humanos como una de las banderas en su lucha antidictatorial. Con la visita del Papa Juan Pablo II a Haití en el año 1983 y su contundente desaprobación al régimen con el mensaje de que “es necesario que algo cambie aquí”, la Iglesia reforzó su actitud desafiante frente al duvalierismo. Asimismo, una parte escindida de la Iglesia oficial, La iglesia de base, con una tesitura más extrema que la primera se sumó a la protesta frente al duvalierismo. “Desde inicios de los años 80, miembros de la iglesia, de la “pequeña iglesia”, empezaron a evidenciar su compromiso con la población que vivía en condiciones de extrema miseria”.

¿Pero cuál era la importancia que jugaba la Iglesia en el ocaso de la dictadura duvalierista?

En valoración de Marian McClure, la única institución que podía incrementar los niveles de participación política en 1986 era la Iglesia, ya que en un régimen opresor como el haitiano, era capaz de canalizar la frustración del campesino y motivarlo para pasar de esta manera a la acción política.

De esta forma, junto con la actitud combativa de los estudiantes y de un pueblo cansado de 29 largos años de gobierno dictatorial, la iglesia se convirtió en una parte trascendental en el ocaso de Jean Claude Duvalier en febrero de 1986, así como en un actor imprescindible para la conformación de un movimiento político. Aunque, la lucha frente a la dictadura no había concluido aún, ya que en lugar de Jean Claude Duvalier, se afianzó el ejército en el gobierno haitiano frente a la gran decepción de las frágiles fuerzas democráticas del país.


Alejandro Álvarez Martínez
Extraído de: Movimiento social y proceso político en Haití (1986-2006)
Fuente: archivo PDF
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