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Transfusión sanguinea

En Paris, Jean-Baptiste Denis, médico de cabecera de Luis XIV, (1643-1704) y por otra parte Richard Lower (1631-1691) en Oxford, hicieron los primeros intentos de transfusiones en perros. En el primero de los casos, el beneficiario de la transfusión fue un joven de 15 años al que se le había practicado una sangría excesiva con sanguijuelas. A pesar de que la transfusión se realizó con sangre de oveja, el joven, milagrosamente, logró sobrevivir. Por aquel entonces, la ciencia no estaba al tanto de los peligros de la transfusión de sangre entre especies, ni de la existencia de diferentes grupos sanguíneos. A Lower se le reconoce el mérito de haber realizado la primera transfusión de sangre en un paciente en noviembre de 1667. Una oveja fue la donante y el receptor, el estudiante Arthur Coga que, sorprendentemente, sobrevivió.

Denis & Emmerez efectuaron transfusiones de sangre a varios pacientes. En una joven se realizó desde la arteria carótida de un cordero. Denis reportó que la orina de la joven paso a ser tan negra como el hollín luego de la transfusión, un hallazgo indicativo de reacción transfusional hemolítica, ella sobrevivió debido a las pequeñas cantidades transfundidas.

Otro paciente falleció y Denis fue inicialmente condenado por homicidio. Luego se comprobó que el deceso fue provocado por su esposa que lo había envenenado con arsénico y Denis fue absuelto. Este incidente condujo a que en 1678 el Parlamento Francés prohibiera las transfusiones; la British Real Society en 1668 y el Vaticano en 1669 ya se habían expedido en igual sentido.

James Blundell
James Blundell

El 1818, el médico británico James Blundell, del Guy’s Hospital de Londres, realizó la primera transfusión de sangre humana. Blundell, que era obstetra, efectuó la transfusión exitosa de sangre humana a una paciente para tratar la hemorragia postparto. Usó la sangre del esposo de la enferma como donante, extrayendo una pequeña cantidad de la misma (aproximadamente 100 mL) del brazo del marido y utilizando una jeringa para inyectarla, con resultado “satisfactorio”. Entre 1825 y 1830, efectuó diez transfusiones documentadas, cinco de las cuales probaron ser beneficiosas para los pacientes, publicando sus resultados. También inventó varios instrumentos para llevar a cabo las transfusiones.

Karl Landsteiner
Karl Landsteiner

El científico estadounidense, de origen austriaco, Karl Landsteiner (Viena 1868-1943) descubrió el sistema del grupo ABO en 1901. Landsteiner demostró como el suero de algunas personas podían aglutinar o hemolizar los eritrocitos de ciertos, pero no de todos los individuos. El suero de estos, por otra parte, aglutinaban los eritrocitos de los primeros. Los eritrocitos de otros sujetos no eran afectados por el suero de ninguno de los dos primeros. El llamó a estos tres diferentes tipos A, B, y C. Hoy se los conoce como tipos A, B y O. Landsteiner recibió el Premio Nóbel de Medicina y Fisiología en 1930. Sturli & DeCastello descubrieron el cuarto grupo sanguíneo AB, en 1902.

Luis Agote
Luis Agote

Richard Lewisohn
Richard Lewisohn

Albert Hustin
Albert Hustin

El 9 de noviembre de 1914, el medico argentino Luis Agote (1868-1954) logró transfundir sangre sin que esta coagulara, al añadir citrato de sodio. La experiencia se efectuó con éxito en el Hospital Rawson de Buenos Aires, ante prestigiosos médicos (fotografía adjunta - Agote de pié a la izquierda). Otros investigadores, Richard Lewisohn del Mount Sinai en Nueva York y el belga Albert Hustin se atribuyeron el descubrimiento, que en forma independiente todos ellos lograron con meses de diferencia, cuando las comunicaciones no tenían el desarrollo actual. Esta innovación mejoró el almacenamiento de la sangre para posteriores transfusiones, como fue demostrado durante la primera Guerra Mundial.

Bruce Robertson
Bruce Robertson

Las transfusiones sanguíneas adquirieron amplia difusión durante la primera guerra mundial, cuando el médico canadiense Bruce Robertson demostró las ventajas de reponer sangre entera en soldados con hemorragias agudas, sobre la solución salina utilizada por los británicos. Uno de los pacientes falleció como consecuencia de una reacción hemolítica, y se destacó la importancia de las pruebas de compatibilidad. Las transfusiones se efectuaron mediante jeringa y una cánula, utilizando sangre citratada.

En 1939 Levine & Stetson, luego de que una mujer diera a luz un feto muerto, hallan en el suero de la misma un anticuerpo que aglutinaba a los glóbulos rojos del marido y a los del 80% de la población ABO compatible. En 1940 Landsteiner & Wiener inyectan hematíes de Macaco Rhesus a un conejo y observan que éste desarrolla un anticuerpo que aglutina no solo a los eritrocitos del mono sino que también, a los eritrocitos, del 85% de la población caucásica de Nueva York. Quienes suponen que se trata del mismo anticuerpo descubierto el año anterior, por lo tanto, proponen como nombre "Sistema Rh" por analogía con el antisuero producido por el conejo luego de la sensibilización con el Rhesus. En 1942 utilizan el suero del animal como suero anti-Rh. Se necesitaron casi 20 años para demostrar que los anticuerpos humanos y los animales no reaccionaban con el mismo antígeno (Rho), reasignándole a este nuevo sistema el nombre de LW en honor a sus descubridores; los antígenos de éste sistema son más frecuentes en individuos Rh positivos que en Rh-negativos, de allí la concordancia que originó la confusión. El anticuerpo humano descubierto por Levine y Stetson está dirigido entonces hacia el antígeno "D" (Rho) del sistema.


Extraído de: Obstetricia Crítica - Eduardo Malvino
Fuente: archivo PDF

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