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combustión espontánea humana

La combustión espontánea es el supuesto incendio del cuerpo de una persona sin una fuente de ignición externa fácilmente identificable. La combustión puede provocar simples quemaduras y ampollas en la piel, humos, o una incineración completa del cuerpo. Esta última es la forma más frecuentemente «reconocida» como combustión espontánea. Hay mucha especulación y controversia sobre la combustión espontánea.

No es un suceso natural comprobado, pero muchas teorías han intentado explicar su existencia y cómo puede ocurrir. Las dos explicaciones más comúnmente ofrecidas para explicar las aparentes combustiones espontáneas son el fuego con efecto mecha y el provocado por la rara descarga estática, ninguno de los cuales es espontáneo. Aunque puede demostrarse físicamente que el cuerpo humano contiene suficiente energía almacenada en forma de grasa y otros tejidos para consumirse completamente, en circunstancias normales los cuerpos no sostendrán un fuego por sí mismos.

Hay muchas características que juntas distinguen una presunta combustión espontánea de otros tipos de fuego. De hecho, es una combinación de todos o la mayoría de los siguientes factores en una muerte por fuego lo que lleva a proponer en primer lugar que se trató de una combustión espontánea. El fuego parece haber sido generado espontáneamente sin ningún medio de una ignición observable. El daño del fuego suele estar localizado en el cuerpo de la víctima. Los muebles y electrodomésticos cercanos a la víctima suelen quedar intactos. Los alrededores de la víctima sufren poco o ningún daño.

Sin embargo, esto puede ser una distorsión del proceso de muestreo, dado que es posible que en otros casos el fuego se extienda y provoque una gran destrucción de los alrededores (especialmente domésticos). El cuerpo de la víctima suele quedar mucho más quemado que en un incendio convencional. Las quemaduras, sin embargo, no se distribuyen uniformemente por todo el cuerpo. El torso completo y los brazos de la víctima suelen quedar reducidos a ceniza, mientras la cabeza a veces sobrevive como un cráneo desnudo y las extremidades inferiores quedan típicamente intactas. La mayoría de los presuntos casos de combustión espontánea han ocurrido bajo techo. De nuevo, esto puede ser una distorsión del proceso de muestreo.


La temperatura de incineración en los casos de presunta combustión espontánea es aparentemente mucho más alta que las alcanzadas en crematorios comerciales alimentados por fuel. Debido a la alta temperatura pero naturaleza localizada del fuego, la exposición al aire caliente puede dañar objetos situados en alto sobre el fuego. Aparentemente las víctimas pueden ser tanto hombres como mujeres. En la inmensa mayoría de los presuntos casos, la víctima es anciana. Los testimonios oculares del proceso real de combustión son raros, tendiendo a crear suspicacia o incluso confusión sobre supuestos casos de combustión espontánea. Sin embargo, Heymer ha conjeturado que la recurrente circunstancia de soledad, o soledad real en presuntas víctimas de combustión espontánea puede ser significativa.

La razón de la rareza de los testimonios oculares puede, en su opinión, deberse precisamente a que la combustión espontánea le ocurre a la gente cuando están solas. El caso de Mary ReeserMary Reeser era una viuda de 67 años que vivía en un pequeño apartamento en Florida. El dos de julio de 1951 llegó un telegrama para ella. La casera, que vivía en la misma finca, trató de entregarlo pero la viuda Reeser no respondió a sus llamadas. La casera trató de abrir la puerta pero el pomo estaba tan caliente que no pudo contener un grito de dolor. La señora pidió ayuda a dos pintores que trabajaban en las proximidades. Éstos, de forma muy imprudente, forzaron la entrada a base de empujar la puerta hasta que cedió destrozada en varios pedazos. Tuvieron que echarse atrás inmediatamente pues una ráfaga de aire ardiente y humo salió del interior.

Poco después pudieron entrar en el apartamento esperando encontrar un incendio, pero no había rastro de llamas, únicamente una pequeña llama próxima a la cocina que apagaron sin dificultad.La señora Reeser debió estar sobre el sillón, pero de éste sólo quedaban el armazón y los muelles. De su propietaria apenas se distinguían unos pocos huesos, entre ellos un cráneo tremendamente reducido en tamaño a causa de la intensidad del calor. Sorprendentemente apareció también una zapatilla de raso que todavía contenía un pie humano, aparentemente amputado a la altura del tobillo a causa del calor.

La zona afectada por las llamas se limitaba a una pequeña área alrededor del sillón, pero poco más allá no había rastros. Es más, un periódico situado poco más allá estaba intacto. Los expertos que investigaron el caso no salían de su asombro. La temperatura que consumió el cuerpo debía ser similar a la que se alcanza en los crematorios funerarios, más de un millar de grados, pero el fuego no se extendió más allá de un metro alrededor de la infortunada mujer. Tampoco se encontraron causas aparentes del incendio.


eMisterios
Fuente: archivo PDF

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