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aviones
La ambición de poder volar como un pájaro se remonta, seguramente, a los orígenes de la Humanidad. Héroes de leyenda como Dédalo o Ícaro unen sus nombres a los de atrevidos científicos que, como Ader o Lilienthal, buscaron incluso con riesgo de su vida, la manera de elevarse por los aires.

Leonardo da Vinci
Quinientos años después de que Leonardo da Vinci proyectara sus primeros ingenios voladores, los hermanos Wright conseguían efectuar el primer vuelo controlado de un avión tripulado y propulsado.

Aquellos primeros años de desarrollo de la aeronáutica en los que el Biplano fue la montura de pioneros y caballeros del aire, una época de romanticismo y espíritu aventurero que ha perdurado hasta nuestros días.

La era de los Biplanos

Cuando, después de lanzar una moneda al aire, la suerte favoreció a Wilbur Wright en detrimento de su hermano Orville y pudo volar su biplano durante 12 segundos aterrizando indemne, había conseguido el primer vuelo controlado y propulsado de la historia de la aviación.

Dédalo y su hijo Ícaro
Dédalo y su hijo Ícaro. Una representación del mito, en un grabado de 1493

Nombres míticos

Ese fue el inicio de la época en que los aviones biplanos se convirtieron en los reyes del cielo. Durante la Gran Guerra, la progresión en aspectos técnicos y de construcción fue considerable; los primitivos aparatos fabricados con maderas y lonas unidas con alambres, iban siendo sustituidos progresivamente por otros construidos con materiales más sólidos a la vez que ligeros. Aparecieron los aviones de reconocimiento, única misión para la que en un principio se pensaba que podían ser eficaces, hasta que quedó patente su utilidad para el bombardeo después de haber conseguido incrementar su capacidad de carga de proyectiles. Más tarde, los ligeros y manejables cazas propiciaron los enfrentamientos individuales entre los pilotos militares, hasta que la difusión de su uso dio lugar a las batallas aéreas en masa, en las que intervenían gran cantidad de aparatos.

Fotografía tomada en 1910 de Glen H. Curtiss
Fotografía tomada en 1910 de Glen H. Curtiss, en compañía de un piloto, a los mandos de uno de sus prototipos.

En el periodo de entreguerras proliferaron los vuelos de biplanos, al servicio de quienes pretendían superar récords de distancia, de velocidad o, simplemente, de perfección técnica. Con el estallido de la Guerra Civil española, y a pesar de que la aparición del monoplano de tren retráctil se impusiera al biplano, éste siguió siendo preferido para los combates aéreos, incluso en los momentos iniciales de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, y como testimonio de sus prestaciones y en recuerdo de la gloria pasada, siguen siendo utilizados para trabajos aéreos y en eventos de tipo deportivo o acrobático.

Aunque la hazaña de los hermanos Wright constituyó un paso de gigante en el empeño del hombre por volar, y en Francia, en 1906, el brasileño Santos Dumont efectuó el considerado primer vuelo europeo, fue durante la Primera Guerra Mundial cuando esta tecnología experimentó un verdadero avance de la mano de pilotos extraordinarios. Entre los alemanes estaban Max Immelmann, que recibió la más valiosa condecoración alemana, conocida después como Blue Max, en su honor, o Mamfred von Richtoffen, el célebre Barón Rojo. Del francés Charles Nungesser se dice que cerraba los ojos al disparar y aún así consiguió cincuenta victorias verificadas y más de un centenar sin confirmar y su compatriota René Fonk solo fue superado en número de derribos por von Richthoffen.

Manfred von Richthoffen
Pocos pilotos han gozado de la fama de Manfred von Richthoffen, el célebre Barón Rojo, muerto en servicio en el año 1918.

Ellos y muchos más formaron parte de un grupo de hombres intrépidos, el recuerdo de cuyas andanzas ha perdurado a través de los años. Y sus hazañas no hubieran sido posibles sin la labor de aquellos que aplicaban su energía y su capacidad al estudio y a la experimentación para poder construir aquellas asombrosas máquinas voladoras.

Curtiss en su taller en el diseño de un planeador
Curtiss en su taller, trabajando en el diseño de un planeador.

Como los franceses Gabriele y Charles Voisin, dos hermanos propietarios de un taller mecánico en Lyon, que en 1905 construyeron y probaron el primer biplano pensado para ser pilotado por Blériot. En Estados Unidos, Glenn H. Curtiss adquirió renombre como diseñador y fabricante, formó parte de la Asociación de Experimentos Aéreos y en su faceta de piloto, consiguió varios premios. Estos y otros pioneros sentaron las bases para el desarrollo de un medio de transporte indispensable en la actualidad y para el que parece no haber más fronteras que la capacidad del ser humano para investigar y experimentar.


Planeta Deagostini
Fuente: archivo PDF

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