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Rayos cósmicos

Los descubrió el físico austriaco Víctor Hess en 1912. Durante una serie de vuelos en globo, se dio cuenta de que la tasa de ionización atmosférica aumentaba con la altura. Esto le indujo a pensar que "una radiación con gran poder de penetración entraba en nuestra atmósfera desde el exterior". Unos años después, Robert Millikan acuñó el nombre de "rayos cósmicos" para designar esta "radiación extraterrestre". Los rayos cósmicos son partículas que entran en la atmósfera terrestre desde el espacio. Incluyen protones, núcleos de helio (como la radiación α), electrones (como la radiación β) y núcleos de átomos más pesados, como el hierro.cern

Todos ellos se mueven extremadamente rápido (el más rápido viaja a la velocidad de la luz) y transportan miles de millones de veces más energía que los procedentes de la radiactividad terrestre. De hecho, los más potentes poseen una energía millones de veces superior a la de las partículas que podemos producir en nuestros aceleradores de partículas más avanzados, como el Large Hadron Collider (LHC) del CERN en Ginebra. Algunas de estas partículas proceden del Sol, pero otras pertenecen más bien al ámbito del misterio. Lo más probable es que sean originadas por las supernovas, estrellas gigantes que explotan violentamente al final de su vida.

Explosión cosmica
Explosión cósmica lejana

¿Deberíamos ponernos a cubierto?

Los rayos cósmicos con mayor energía son peligrosos porque son ionizantes. Por suerte, la Tierra posee dos líneas de defensa muy eficaces: el campo magnético terrestre y su atmósfera. Si hacemos pasar una corriente por un cable que conecta los dos polos de un imán, el cable se moverá en ángulos rectos en dirección al campo magnético y a la corriente. Igualmente, si disparásemos un haz de electrones al campo magnético, los electrones se moverían de la misma forma.

Rayos cósmicos

El campo magnético de la tierra cumple una misión similar. Desvía las partículas cargadas de los rayos cósmicos, lo que impide que muchas entren en la atmósfera. Algunas quedan atrapadas alrededor de la Tierra en dos anillos concéntricos de superficie toroidal llamados cinturones de Van Allen, descubiertos en 1958 por el satélite estadounidense Explorer 1. Algunas partículas de estos cinturones, el viento solar y los rayos cósmicos se desvían hacia los polos Norte y Sur como consecuencia del campo magnético. Cuando entran en contacto con la atmósfera, interaccionan con la atmósfera superior, lo que provoca la excitación de los átomos. Cuando los átomos se relajan, desprenden una luz basada en un principio similar al de las luces de neón. Estas luces pueden verse en la aurora boreal (Polo Norte) y la aurora austral (Polo Sur). Haz clic aquí para ver cómo se comportan las partículas al entrar en los campos magnéticos.


Fuente: archivo PDF

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