Lanza Sagrada

Ésta es la leyenda del arma que fascinaba al joven Hitler. Durante su primera visita a la lanza la estudió con detalle. Medía 30 cm de longitud, y terminaba en una punta delgada, en forma de hoja; en algún momento, el filo había sido ahuecado para admitir un clavo -al parecer, uno de los usados en la crucifixión-. El clavo estaba sujeto con un hilo de oro. La lanza se había partido y las dos partes estaban unidas por una vaina de plata; dos cruces de oro habían sido incrustadas en la base, cerca del puño.

Estos detalles provienen del doctor Walter Johannes Stein, matemático, economista y ocultista que afirmaba haber conocido al Führer justo antes de la guerra de 1914. Stein, había nacido en Viena en 1891, era hijo de un rico abogado. Se licenció en ciencias y se doctoró en investigaciones psicofísicas por la Universidad de Viena. Fue en experto en arqueología, arte bizantino primitivo e historia medieval; durante la primera guerra mundial, como oficial del ejército austríaco, fue condecorado por su valor.

En 1928 publicó el panfleto, Historia del mundo a la luz del Santo Grial, que circuló por Alemania, Holanda y Gran Bretaña. Stein huyó a Gran Bretaña y la segunda guerra mundial le sorprendió trabajando como agente del espionaje británico. Después de colaborar en la obtención de los planes de la «Operación Sealion» -la invasión de Inglaterra que proyectaba Hitlerfue consejero de Churchill, sobre las creencias ocultistas del líder alemán.

Stein nunca publicó sus memorias, pero lo hizo su amigo el ahora periodista, Trevor Ravenscroft, usando las notas y las conversaciones de Stein; en forma de libro publicó en 1972 Spear of Destiny (La lanza del destino) que por primera vez llamó la atención del público sobre la fascinación que sentía Hitler por la lanza de los Habsburgo.

¿Qué atractivo podía ofrecer la Santa Lanza, un símbolo cristiano, para el ex católico y violentamente anticristiano Adolf Hitler?

Lanza Sagrada
La respuesta está en una tradición ocultista medieval vinculada con la historia de la Santa Lanza. Según el evangelio de San Juan, el soldado romano que hirió el cuerpo de Cristo cumplió, las profecías del Antiguo Testamento (los huesos de Cristo no serían rotos). Según San Mateo y San Marcos, la verdadera naturaleza de Cristo fue revelada en ese momento al soldado, que se llamaba Cayo CasioLonginos: «Viendo el centurión que estaba frente a Él, de qué manera expiraba, dijo: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios». (San Marcos, 15:39)

Para la mentalidad ocultista, un instrumento usado para un propósito tan importante se transforma en un foco de poder mágico. Y, como dice Richard Cavendish, hablando del Grial y la Lanza en su libro El rey Arturo y el Grial: Una cosa no es sagrada porque es buena. Es sagrada porque contiene un poder misterioso y terrible.

Según Stein, Hitler tenía conciencia de este concepto y fue la obsesión de Hitler por la lanza y su poder de «varita mágica» el motivo de que los dos hombres se conocieran.

Hitler describió a Stein cómo había adquirido la lanza, su especial significado para él: Percibió Hitler, contó, una presencia poderosa que la rodeaba, la misma impresionante presencia que había experimentado interiormente en esas ocasiones únicas de mi vida en que había sentido que un gran destino me aguardaba...

Una curiosa primacía

Hitler despreciaba a la casa de Habsburgo, a la que consideraba traidora a la raza germánica. Sin embargo, el 13 de octubre, la lanza y otros objetos fueron cargados en un tren blindado y cruzaron la frontera alemana. Fueron instalados en el vestíbulo de la iglesia de Santa Catalina, donde Hitler pensaba instalar un museo de guerra nazi.

Si los conocimientos de Hitler sobre la historia de la lanza eran tan amplios como decía Stein, tiene que haber estado al tanto de las leyendas sobre el destino de Carlomagno, Barbarroja y todos cuantos la habían blandido como un arma y habían perecido cuando escapó a su control.

Hitler

Después de los intensos bombardeos aliados de octubre de 1944, durante los cuales Nüremberg sufrió enormes daños, Hitler ordenó que la lanza, junto con el resto del tesoro de los Habsburgo, fuera enterrada en una bóveda construida especialmente. Seis meses después, el Séptimo Ejército norteamericano había rodeado la antigua ciudad. Durante cuatro días, la división Thunderbird martilleó a sus defensas hasta que el 20 de abril de 1945 -el día en que Hitler cumplía 56 años- la bandera americana fue izada.

Durante los días siguientes, la Compañía C del Tercer regimiento del Gobierno Militar, al mando del teniente William Horn, fue enviada en busca del tesoro de los Habsburgo. Un proyectil había volado una pared de ladrillo y dejando a la vista la entrada de la bóveda. El teniente Horn entró en la cámara subterránea y echó una ojeada. Allí, sobre un descolorido terciopelo rojo, estaba la Lanza de Longinos. El teniente Horn extendió la mano y tomó posesión de la lanza en nombre del gobierno de los Estados Unidos. La fecha, 30 de abril de 1945, está registrada en los textos de historia.

Y, por escépticos que sean los críticos -acerca de Walter Stein, el ocultismo en general y las leyendas de la Santa Lanza en particular- es un hecho que a unos cientos de kilómetros de distancia, en un bunker de Berlín, Adolf Hitler cogió una pistola y se quitó la vida.


Enigmas y misterios
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