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José Alfredo Jiménez SandovalNació el 19 de enero de 1926 en Dolores Hidalgo. Huérfano de padre a los 10 años, fue a vivir con su tía Refugio a la calle Ciprés de la colonia Santa María la Ribera, en la ciudad de México, a donde lo alcanzarían su madre y sus tres hermanos. En el mismo barrio, abrieron una tienda de abarrotes que no tuvo éxito, y volvieron a Guanajuato cuando su hermano Ignacio encontró trabajo en la refinería de Salamanca, pero José Alfredo insistió en quedarse y continuar en su afán de ser compositor.

Se dice que en esos años, cuando iba a la primaria del Colegio Franco Inglés, recién llegado a la capital de la República, se hizo amigo de Jorge Gabilondo Patiño, hijo de otro gran artista, Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri, con quien se iba de pinta al bosque de Chapultepec porque ambos soñaban con ser toreros y asistían a los entrenamientos de los aspirantes a la tauromaquia.

Después trabajó sucesivamente de vendedor de zapatos —algo frecuente en los guanajuatenses, ya que en su lugar de origen se fabrican los mejores zapatos de México—, de cajero y de mesero en un restaurante yucateco de las calles de San Cosme, La Sirena. Al respecto, Paloma Jiménez Gálvez contó que su padre se inició como cajero en el restaurante, pero después solicitó su cambio a don Mateo Ponce, el dueño del negocio, porque se dio cuenta de que a los meseros les iba mejor con las propinas.

Mientras tanto, José Alfredo componía y cantaba; era mesero pero no dejaba de intentar que sus canciones se grabaran. Una y otra vez se acercó a la XEW con la esperanza de que alguna de las celebridades que él admiraba, alguien como Jorge Negrete, Pedro Infante, Pedro Vargas o Miguel Aceves Mejía, llegara un día a grabar al menos una de sus canciones.

Un pasaje interesante en aquellos años de la vida del compositor lo conforma su experiencia deportiva. Era portero y tenía el apodo de “el Cuervo”. Es un lugar común escuchar que formó parte de las filas del equipo Oviedo y que se incorporó después al Marte.

José Alfredo Jiménez SandovalEl reconocimiento de los mexicanos

Muy pocos tienen noticia de la visita de José Alfredo Jiménez a Chiapas en 1972, meses antes de su muerte. Tenía cuarenta y seis años. Se tiene una idea vaga del suceso y sólo en Villa de Acala pudieron obtenerse datos más precisos de ese acontecimiento verificado entre el 31 de enero y el 3 de febrero de aquel año, durante una gira en la que intervinieron también otros artistas menos conocidos o que se hallaban en el comienzo de sus carreras, como Paquita la del Barrio.

Escribir sobre este evento tan apartado en el tiempo y en la geografía mexicana implica retos y dificultades en ocasiones insalvables, pues no existen documentos al respecto, libros, periódicos de la época ni tampoco registros radiofónicos. Por ello, este libro quisiera dejar constancia de esa memoria, siempre falible y en ocasiones contradictoria, dejar por escrito el testimonio de lo que ayer fue para que lo sepan los lectores, no sólo de hoy, sino también de más tarde.

Observar la obra de José Alfredo significa formar parte de la polémica —iniciada desde los años treinta del siglo xx con la publicación de El perfil del hombre y la cultura en México, de Samuel Ramos acerca de lo que caracteriza al mexicano, lo diferencia y une con el resto de los hombres. La estética del autor de “La noche de mi mal” y su conocimiento conducen a respuestas como las que han propuesto el propio Samuel Ramos, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Santiago Ramírez, Roger Bartra y Rodolfo Usigli, entre muchos otros, como el grupo Hiperión de los años cincuenta.

Los mexicanos continúan reconociéndose en las canciones de José Alfredo porque consigue revelar los sentimientos soterrados, ocultos pero vivos, mediante recursos literarios y musicales que lo hacen único en la expresión estética en lengua española. El compositor escribe sobre las heridas, las soledades, las angustias fundamentales, y constituye un manantial poético cuya voz ha rebasado el territorio mexicano. Al ocuparse de un momento de su vida transcurrido en Chiapas, se intenta hacer una pequeña contribución al conocimiento de uno de los símbolos de México; al mismo tiempo, se quiere llamar la atención sobre la investidura adquirida por el poblado que lo recibió en 1972: José Alfredo resignificó el lugar, a tal punto que se puede afirmar que hubo un Acala antes y existe otro Acala después de su presencia en la región.

- Para Morir Iguales -

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- José Alfredo Jiménez Sandoval (Museo) -

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Joaquín SabinaPorque le puso letra a nuestras emociones, porque musicó nuestro fracaso, porque supo vengarnos de los malos amores, por Chavela Vargas, por Lola Beltrán, por Vicente Fernández; porque encarnó el alma de México (lindo y querido) como nadie en este siglo, porque quiso ver, y de qué manera, “puritito pueblo“, porque nos siguen enseñando a querer como tú nos has querido; por “Vámonos“, por “El último trago“, por “Que te vaya bonito“, por el caballo blanco de San Emiliano, porque está más vivo que tantos vivos, porque consuela, porque acompaña, porque redime, por sus clases de llanto, porque no hubo, porque no hay, porque no habrá quien lo calle, porque lo cantó mi padre, porque lo canto yo, porque (ojalá) lo canten mis hijos, y los tuyos y los hijos de mis hijos, por ganarle un paso al olvido, por hermosear nuestro idioma, por el tequila con sangrita, por el mariachi, por el Tenampa, por el desgarro, por su elegancia, por su tristeza, por su alegría, porque canta como nunca, porque gana batalla, como el Cid, después de muerto, por su altísimo ejemplo. PORQUE SIGUE SIENDO EL REY.


Fuente: archivo PDF
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