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BikilaPocas historias de corredores son tan apasionantes y emotivas como la de Abebe Bikila.

Aunque nos parezca raro hoy en día, hubo una época en la que las maratones no las ganaban los africanos. El 7 de agosto de 1932 nació Abebe, en la ciudad de Jato, un pequeño pueblo de Mout, Etiopía. Era hijo de un humilde pastor de cabras, y no aprendió a leer hasta los 14 años. A los 20 ingresó al cuerpo de la Guardia Imperial de Haile Selassie I (último emperador de ese país), para poder ganarse el sustento. Por aquel entonces empezó a correr en forma esporádica, aunque se notaba a simple vista que era un destacado atleta. No fue sino hasta que se cruzó con un grupo de corredores, que en la espalda de sus remeras tenían escrita la palabra “Etiopía”, que se dio cuenta de que quería ser parte del equipo olímpico.

En 1956 comenzó a hacerse conocido dentro del ámbito del running de su país. En el campeonato de las fuerzas armadas ganó la maratón, y batió el récord en las competencias de 5 y 10 km al vencer a Wami Biratu, el favorito en ese entonces. No quedó entre los elegidos para representar a Etiopía en las Olimpíadas de Roma 1960, pero el destino le dio una mano. Uno de los atletas se lesionó en un partido de fútbol, por lo que Abebe, de 28 años, fue convocado para reemplazarlo. Dicen que fue con tan poco tiempo de aviso que el avión tuvo que esperarlo.

El etíope se preparó junto a los otros corredores del equipo (entre los que se encontraba su hermano, Albalonga, quien jamás logró el mismo reconocimiento que él). Se calzó sus zapaillas Adidas, pero se sintió my incómodo. La leyenda empezaba a tomar forma. Abebe decidió estar más relajado y correr igual que lo hacía en casa: descalzo. En una entrevista, recordó: “Quería que el Mundo supiera que mi país, Etipoía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”.

BikilaEl favorito para llevarse el oro de la maratón era el marroquí Rhadi Ben Abdesselam. La carrera se largó cuando el sol caía, y el desconocido etíope, descalzo, empezó a pasar corredores. En el kilómetro 20, ya de noche, Bikila y Abdesselam no se despegaban el uno del otro. Faltando 500 metros todavía iban juntos. Entonces, Abebe comenzó a ganar terreno. Finalmente cruzó el Arco de Constantino, ganándole al marroquí por 200 metros. El reloj marcó 2 horas, 15 minutos, 16 segundos: un nuevo récord mundial. Pero pasó a la historia no por correr sin zapatillas, sino porque se acababa de convertir en el primer africano en conseguir una medalla de oro. Otra jugada misteriosa del destino: en el recorrido de la maratón, Abebe pasó por el Obelisco de Axum, monumento que había sido robado de su país por los italianos durante la Segunda Guerra Ítalo Abisinia, en 1937.

Ya consagrado en su país (y en toda África), volvió a competir en las siguientes olimpíadas, las de Tokio 1964. Sin embargo, en esta ocasión, el destino parecía no estar de su lado. Seis semanas antes de la competencia había sido operado de apendicitis, y su físico se encontraba bastante debilitado (no había podido entrenarse como quería). Parecía que la hazaña no se iba a repetir. Con un panorama lúgubre, superó todas las expectativas. Esta vez calzando zapatillas Asics, Abebe ganó la maratón y rompió nuevamente la marca mundial, con 2:12:11 (al llegar a la meta, fanfarroneó con que estaba para correr 10 km más). Se convirtió en el primer y único atleta olímpico en ganar dos maratones.

Volvió a competir en las Olimpíadas de México 1968, pero la altura lo afectó mucho. La falta de oxígeno, sumado a una lesión, lo obligaron a abandonar en el km 17. Terminó en una ambulancia, y sería la última vez que alguien lo vería correr. Al año siguiente, mientras manejaba su Volkswagen Beetle por las calles de Adís Abeba (capital de Etiopía), Abebe se cruzó con un grupo de estudiantes que realizaba una protesta. Intentó esquivarlos y perdió el control del auto. Cayó a una zanja, y por el fuerte choque quedó cuadriplégico: no podía mover ninguna de sus extremidades. Fue operado en Inglaterra, donde lograron pasar su condición a paraplégico. Sin embargo, su carrera deportiva estaba terminada: de la cintura para abajo se encontraba absolutamente paralizado.

BikilaLejos de perder su visión positiva de la vida, bromeó con que ganaría la próxima maratón en su silla de ruedas. “Los hombres de éxito conocen la tragedia”, dijo en una entrevista. “Fue la voluntad de Dios que ganase los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”. Abebe fue una inspiración para muchos deportistas. El norteamericano Frank Shorter (a quien responsabilizan del boom del running en EEUU), luego de ganar la maratón en Munich 1972, se acercó al etíope para extender su mano.

El 23 de Octubre de 1973, Abebe Bikila falleció a causa de una hemorragia cerebral, producto de una secuela del accidente. A su funeral, en su país, asistieron más de 65 mil personas, entre los que se encontraba el emperador Haile Selassie I. Como homenaje a su inmensa figura, el estadio nacional de Adís Abeba lleva su nombre.

Héroe del runningCon tan sólo 41 años, el “corredor descalzo” pasó de ser un héroe del running, a convertirse en una verdadera leyenda.


Martín Casanova
Fuente: archivo PDF
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